DEAPUNTES. EL MALTRATO AL VINO
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Hace un tiempo, un afamado gastrónomo dejaba constancia en las redes sociales de la perplejidad que le supuso el paso por el “Wine Bar” (sic) en su última visita a un Hotel/Bodega 5 Estrellas ubicado en el epicentro de la DOP Rioja. El susto, por decirlo de alguna manera, se lo llevó tras solicitar al camarero información acerca de una “Cata de grandes vinos” que se anunciaba en un cartel del establecimiento. Por lo visto, lo único  que deseaba conocer era que vinos se podían degustar en dicha cata, y no pudo disimular su sorpresa cuando el camarero le contestó que no sabía qué tipo de vinos se podrían catar ni en qué consistiría exactamente la “Cata de grandes vinos” publicitada.

Tras este episodio, el protagonista de dicha experiencia procedió a publicar lo sucedido en las redes sociales y a realizar una breve reflexión sobre el pésimo servicio en determinados establecimientos.

La narración de este tipo de sucesos, contado esta vez por un “peso pesado” de la gastronomía, no hace más que demostrar el maltrato que sufre el vino en una gran parte de los establecimientos de hostelería, siendo este maltrato mayúsculo cuando se trata de establecimientos de alta calidad o especializados (en teoría) en la oferta vinícola.

La denostación del vino, se puede atestiguar en el día a día en cualquier tipo de establecimiento, independientemente de su categoría. No es raro comprobar cómo te sirven un vino de cierta calidad en una copa con un cristal de un grosor obsceno (un vino de 15/25 € no se lleva bien con una copa de 1 € del Makro) o en una copa colmada de rayaduras por el excesivo uso. A estas desconsideraciones habituales, se pueden sumar múltiples detalles que hagan que resulte ciertamente ingrato el tomarte una copa de vino en un determinado establecimiento. Entre estos "pequeños" detalles, destacan por su frecuencia: que el vino tenga una temperatura inadecuada, que te sirvan un vino “pre-picado” (esa fase temporal en el que un vino no está ni picado ni en su estado óptimo de consumo) por eso de no cuidar el tiempo de de una botella abierta, una desinformación absoluta por parte del camarero respecto a la información mínima de un vino ofrecido por el establecimiento de turno, o una oferta de vinos poco agraciada.

 

Al margen de estos encontronazos que seguro habéis sufrido muchos de vosotros en alguna ocasión y a los cuales incluso hasta te llegas a acostumbrar, contaré una experiencia propia en el que el maltrato al vino quedó más que patente. Esta vez el protagonista es un Hotel de la capital con un 5 en Estrellas y un 236 en metros. Cayó en mis manos un folleto publicitario (hace un par de años) que llamaban “Experiencia enológica, aperitivos con maridaje” o algo parecido. El leerlo me produjo un considerable shock y me dejó en un estado de incredulidad. Ofrecían una experiencia en la que podías degustar 4 aperitivos con maridaje. Hasta ahí, bien; pero en uno de los aperitivos el maridaje ofrecido no era un vino, si no una sangría de una  afamada marca. Tuve que releer el folleto ya que mi mente no conseguía casar las palabras “Experiencia enológica, aperitivos con maridaje”, “Hotel 5 estrellas” y “Sangría”.

Para el siguiente aperitivo, el vino escogido era el que yo llamo “Vino Obama”, el cual fue elegido (más bien ofrecido por el camarero) por Michelle Obama en el transcurso de una cena en el histórico viaje a Cuba que hizo el Presidente de E.E.U.U. en 2016. El vino en cuestión es “Conde de San Cristóbal”. Se trata de un tinto de la D.O.P. Ribera del Duero, con un envejecimiento en barrica de roble de 12 a 14 meses, diseñado (en su día) fundamentalmente para la exportación. No pretendo menospreciar al vino, ya  que es para estar orgulloso de que un Ribera del Duero este en la carta de un restaurante de Cuba, ni afirmar que es un vino de mala calidad, solo que, no es el vino que te esperas encontrar en una “Experiencia enológica” ofrecida en un Hotel de 5 estrellas. Con este hecho (rayando lo surrealista) queda plasmado el nivel del “concepto Vino” que puede llegar a tener un Hotel 5 Estrellas.

Estas pequeñas anécdotas creo que reflejan bien el maltrato al que es sometido el vino en general, siendo cada vez más difícil encontrar establecimientos donde realmente se aprecie el vino y se le dé un trato correcto y profesional, poniéndolo en valor e impulsando a su vez el consumo de éste por parte de la clientela.

Mayo 2019