DENOTAS. NO MÁS NAFTALINA, POR FAVOR
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EN VINOTECAS. La perplejidad y el desánimo se incrementan cada vez que acudo a una de las más renombradas vinotecas de Madrid, y probablemente la más grande de España, cuyo nombre rima con VINIA.

Su punto fuerte, y yo diría que único, no es otro que el poseer un amplísimo catálogo con referencias de vinos que abarca las principales zonas vitivinícolas de varios continentes. Pero este punto fuerte se desvanece una vez te adentras en la vinoteca y empiezas a experimentar la caótica organización y distribución de los vinos, la falta de calidez del local, las cajas de vino por los pasillos, los descuidos en los etiquetados, y un notable toque de dejadez en la totalidad del local. Cierto es que, contrarrestando peso en el otro lado de la balanza, está la amabilidad y disposición de los empleados, lo que ayuda a descartar del todo un no retorno a la vinoteca.

La barra que posee el local (aunque ahora te deriven a una de las mesas de la zona del restaurante, debido a la situación Covid) tampoco se libra de la sensación de descuido que impera en la vinoteca, poco acogedora y confortable. Los pensamientos que me vienen a la cabeza una vez me encuentro con una copa de vino en la mano, echando un vistazo al inmenso local ubicado en una calle privilegiada en una de las mejores zonas de Madrid, no dejan de ser los mismos: sólo la barra de bar de una vinoteca de este empaque y con el amplísimo abanico de vinos que puede ofrecer, debería estar al 100 % de ocupación y con sobredemanda. Y sin embargo ni siquiera llega a atraer ni al 10 % de los clientes que acuden al local. Puta Naftalina.

EN LA RED DE REDES. La Naftalina presente en el mundo del vino presente en la World Wide Web es a día de hoy más abundante de lo que cabría esperar. Sobre todo, en el ámbito de Castilla y León, que particularmente es el que tengo más “trabajado”.

 

No es fácil encontrar una web de una Bodega en el que prime el equilibrio y el sentido común en cuanto a la información a transmitir. En este sentido, el ecosistema que te encuentras es de lo más variado: unas te hablan de todo menos de los vinos que elaboran, otras únicamente te muestran sin más sus vinos, existen webs muy buenas de vinos muy malos, y webs muy malas de vinos muy buenos…

Otra dimensión distinta es la compra de vino en las webs propias de las Bodegas; en este caso también queda lejos el equilibrio deseado por el comprador de vino. Afortunadamente cada vez son más las bodegas que te dan la opción de poder comprar a ellos directamente el vino (acentuado todo ello por las circunstancias de los últimos tiempos). La única cuestión a redondear aquí es el precio del vino, que tiene en contrapartida el coste del envío al particular y el lidiar con la controvertida figura del distribuidor. En caso de que no dispongan de “tienda” en la propia web, muchas veces resulta un auténtico dolor de muelas el que te vendan el propio vino que elaboran, que te informen de los precios o puntos de venta físicos. Totalmente incomprensible. En este sentido todavía queda bastante que avanzar, al menos en el marco de Castilla y León, dejándose aún notar ciertas reminiscencias del rudo y desconfiado carácter castellano.

Noviembre 2020